Liga Salteña de Jiu Jitsu Jun Ketsu Ryu

MONDO

 

        Mondo es la reunión formal de Maestro y Discípulo en el Dojo, durante la cual hablan del espíritu del Budo.

        Profundamente vinculado con el Zen, el Mondo es un simple diálogo entre Maestro y Discípulo, en el curso del cual, el Maestro da a este último un Relato o un Koan para que medite.

        El fin de esta conversación es el de superar el proceso convencional del pensamiento para llegar al corazón mismo de las cosas mediante la comprensión intuitiva.

        El Koan es una sentencia muy corta sin ningún significado lógico, pero que esconde una verdad que el Discípulo debe procurar descubrir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS GRANDES PIEDRAS

            Cierto día, un maestro estaba dando una conferencia a un grupo de discípulos. Para dejar en claro un punto utilizó un ejemplo que jamás olvidarán.
            Parado frente a su auditorio dijo: Quisiera hacerles un pequeño examen ...
            De debajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, de boca ancha y lo puso sobre la mesa frente a él. Luego sacó una docena de rocas del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro.

            Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras preguntó al auditorio: ¿Está lleno el jarro? Todos dijeron: ¡Si!

            Entonces dijo: ¿Están seguros, y sacó de debajo de la mesa un balde con piedras pequeñas. Echó un poco de las piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomoden en el espacio vacío entre las grandes. Cuando hubo hecho esto preguntó una vez más: ¿Está lleno este jarro?, Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en voz alta: ¡Probablemente no!.

            Muy bien contestó el maestro. Sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas. Una vez más preguntó al grupo: ¿Está lleno este jarro? Esta vez respondieron: ¡No!.

            Una vez más el maestro dijo: ¡Muy bien!, luego sacó de debajo de la mesa una jarra llena de agua y echó agua al jarro hasta que estuvo lleno hasta el borde mismo. Cuando terminó, miró al auditorio y preguntó: ¿Cuál creen que es la enseñanza de esta demostración?.

            Uno de los discípulos levantó la mano y dijo: La enseñanza es que no importa que tan llena de actividades este tu vida, si de verdad lo intentas, siempre podrás incluir más cosas.

            ¡No!, replicó el maestro, esa no es la enseñanza. La verdad que esta demostración nos enseña es: "Si no pones las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro momento".
            ¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida?, ¿Un proyecto que tú deseas hacer funcionar?, ¿Tiempo con tu familia?, ¿Tu fe, tu educación o tus finanzas?, ¿Alguna causa que desees apoyar?, ¿Enseñar lo que sabes a otros?.

            Recuerda poner estas piedras grandes primero o no encontrarás un lugar para ellas.
            Así que hoy en la noche o mañana al despertar, cuando te acuerdes de esta pequeña anécdota, pregúntate a ti mismo: ¿Cuáles son las piedras grandes en mi fe, mi vida, mi familia o mi negocio?, luego coloca esas piedras en el jarro.

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EL CIELO Y EL INFIERNO

Un samurai fue a ver al Maestro Zen, Hakuin, y le preguntó:
¿Existe el cielo?¿Existe el infierno?¿Dónde están? ¿Por dónde puedo entrar?

Era un guerrero. Los guerreros sólo conocen dos cosas: La vida y la muerte. Él no había venido a aprender ninguna doctrina; sólo quería saber donde estaban las puertas, para poder evitar el infierno y entrar en el cielo.
Hakuin le respondió de una manera que sólo un guerrero podía entender: ¿Quién eres?, preguntó

Soy un Samurai, le respondió el guerrero.
Hakuin se rió y contestó ¿Un Samurai, tú?. Pareces un mendigo.
El orgullo del Samurai se sintió herido y la ira nublo su mente, olvidó para que había venido, desenvaino su espada con intención de matar a Hakuin cuando éste añadió:
He aquí que se abren las puertas del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, te abren las puertas.
Inmediatamente el Samurai entendió. Puso de nuevo la espada en su cinto y se inclino haciendo una reverencia ante el maestro Hakuin diciendo: Y he aquí que se abren las puertas del cielo.
La mente es el cielo, la mente es el infierno y tiene la capacidad de convertirse en cualquiera de ellos. Pero la gente sigue pensando que existen en alguna parte, fuera de ellos mismos.
El cielo y el infierno no están al final de la vida, están aquí y ahora. A cada momento las puertas se abren... en un segundo se puede ir del cielo al infierno, del infierno al cielo.
Si buscas en tu interior, hallarás que todos tus pensamientos te están creando a ti y a tu vida. Crean tu infierno, crean tu cielo. Crean tu desgracia y tu alegría, lo negativo y lo positivo que hay en ti.

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APRENDERAS


        Después de algún tiempo Aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y Aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.
        Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos ni promesas.

        Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y Aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para tus proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
        Después de un tiempo Aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.

        Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida.
        Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permiten elegir.
        Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos,  si estamos dispuestos a aceptar que lo amigos cambian. Te darás cuenta de que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar su compañía.
        Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esa persona que la amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la ultima vez que la veamos.
        Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tiene influencia sobre nosotros, pero que nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzaras a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuado queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
        Aprenderás que no importa donde llegaste sino a donde te diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve.
       Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlan y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: Siempre existen dos lados.
        Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias.
        Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
        Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que ayuden a levantarte.
        Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de la experiencia, que con los años vividos.
        Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.
        Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y seria una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.
        Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho a ser cruel.
        Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero no saben como demostrarlo.
        No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

        Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y en algunos momentos condenado.
        Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
        Aprenderás que el tiempo no es algo que puedes volver hacia atrás, por lo tanto debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que eres capaz de soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más.
        Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla
      

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LAS COSAS NO SIEMPRE SON LO QUE PARECEN

        Dos monjes viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy adinerada. La familia era ruda y no quiso permitirle a los monjes que se quedaran en la habitación de huéspedes de la mansión. En vez de ser así, a los monjes le dieron un espacio pequeño en el frío sótano de la casa. A medida que ellos preparaban sus camas en el duro suelo, el monje más viejo vio un hueco en la pared y lo reparó. Cuando el monje más joven preguntó ¿por qué?, el monje más viejo le respondió;
  Las Cosas no siempre son lo que parecen.
        La siguiente noche, el par de monjes fueron a descansar en la casa de un señor y una señora, muy pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir la poca comida que la familia pobre tenía, la pareja le permitió a los monjes que durmieran en su cama donde ellos podrían tener una buena noche de descanso. Cuando amaneció, al siguiente día, los monjes encontraron bañados en lágrimas al Señor y a su Esposa. La única vaca que tenían, cuya leche había sido su única entrada de dinero, yacía muerta en el campo. El monje más joven estaba furioso y preguntó al más viejo, ¿cómo pudiste permitir que esto hubiera pasado? El primer hombre lo tenía todo, sin embargo tú lo ayudaste; el monje más joven le acusaba. La segunda familia tenía muy poco, pero estaba dispuesta a compartirlo todo, y tú permitiste que la vaca muriera.
  Las Cosas no siempre son lo que parecen.
        Le replicó el monje más viejo. Cuando estábamos en aquel sótano de la inmensa mansión, yo noté que había oro almacenado en aquel hueco de la pared. Debido a que el propietario estaba tan obsesionado con avaricia y no dispuesto a compartir su buena fortuna, yo sellé el hueco, de manera tal que nunca lo encontraría. Luego, anoche mientras dormíamos en la cama de la familia pobre, la muerte vino en busca de la esposa del agricultor. Y yo le di a la vaca en su lugar.
  Las Cosas no siempre son lo que parecen.

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LAS TRES REJAS

Un joven discípulo de un sabio filósofo, llega a casa de éste y le dice:
Escucha maestro, un amigo suyo estuvo hablando de ti con malevolencia....
¡Espera! - lo interrumpe el filósofo - ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
¿Las tres rejas?
Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
No. Lo oí comentar en el pueblo.
Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
No, en realidad no. Al contrario....
¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
A decir verdad, no.
Entonces -dijo el sabio sonriendo- si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

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EL NAUFRAGO

El único sobreviviente de un naufragio llego a la playa de una diminuta y deshabitada isla. Pidió fervientemente a Dios ser rescatado, y cada día escudriñaba el horizonte buscando ayuda, pero no parecía llegar.
Cansado, finalmente optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y almacenar sus pocas pertenencias.
Entonces un día, después de buscar alimento por la isla, regresó a su casa para encontrar su cabaña envuelta en llamas, con el humo ascendiendo hasta el cielo. Lo peor había ocurrido, lo había perdido todo. Quedó anonadado de tristeza y rabia. Dios, ¿cómo pudiste hacerme esto?, se lamentó. Sin embargo, al día siguiente fue despertado por el sonido de un barco que se acercaba a la isla. habían venido a rescatarlo. ¿Cómo supieron que estaba aquí?; preguntó el naufrago a sus salvadores.
Vimos su señal de humo, contestaron ellos.
Es fácil descorazonarse cuando las cosas van mal, pero no debemos desanimarnos aún en medio del dolor y el sufrimiento.
Recuerda la próxima vez que tu cabaña se vuelva humo, que puede ser la señal de que la ayuda viene en camino.

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LA LAGUNA CONGELADA

 

Había dos niños que patinaban sobre una laguna congelada.
Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación.
Cuando de pronto, el hielo se revienta y uno de los niños cayo al agua.
El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomo una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logro quebrarlo y así salvar a su amigo.
Cuando llegaron a ayudarlo y vieron lo que había sucedido, se preguntaron:
Como lo hizo? El hielo esta muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar, con esa piedra y sus manos tan pequeñas!
En ese instante apareció un anciano y dijo:
"Yo se como lo hizo "
Como ? Le preguntaron al anciano y el contesto:
"No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo"
Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr"

 

 

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Era un Maestro Chan, que apenas era visitado por aspirante espiritual alguno, pues se había ganado la fama de ser severo debido a sus métodos de enseñanza. Pero un día llego a la ciudad un buscador de otro lugar muy distante del país y quiso probar si se trataba realmente del Maestro que decían.

-No soy fácilmente impresionable- dijo con cierta presunción a quienes le advirtieron.

Se presento ante el Maestro. Cuando el Maestro lo vio, antes de intercambiar palabra alguna, estallo en una carcajada. El aspirante se sirvió de su autocontrol para no demostrar incertidumbre. El Maestro estaba tomando un té aromático.

-Siéntate- le ordeno al recién llegado
-Siéntate bien, erguido y no como una gallina clueca y estúpida.

Hubo una pausa. El té estaba humeando y esparciendo su exquisito aroma.

-¿Deseas algo?

El visitante dudo. Empezaba a sentirse incomodo.

-¿Puedo tomar un poco de té?- Pidió

De repente. El Maestro arrojo un chorro de té hirviendo sobre el visitante. El liquido le quemaba como acero candente donde caía en su cuerpo.

-¿Es esta la forma de tratar a un visitante?

-Te he dado lo que me has pedido, contesto el maestro, después de esto cerro los ojos y se sumergió en una meditación.

El aspirante hizo lo mismo y entro en meditación.

-¡Cuanta paz y tranquilidad!, se decía mentalmente, sintiendo una atmósfera de quietud en el recinto.

De repente, un violento bofetón le hizo emerger de aquel éxtasis. Se aferró de su autocontrol para no devolverle el golpe. Cuando fue a protestar, el Maestro le pregunto:

-¿De donde ha surgido el ruido? ¿De la mano o de tu mejilla?-

El aspirante dudo durante una fracción de segundo, cuando otra bofetada no menos fuerte golpeo su rostro de nuevo.

-¡Contesta!, grito el Maestro.

-¿De donde sale el ruido?¿Quién lo produce? ¿La mano o la mejilla?

Se trataba de un genuino buscador, y respondió así:

-¡De la mente!

Por supuesto; se refería al ruido de la rabia, humillación y orgullo herido que habían brotado de su interior al sentir las burlas y los golpes del Maestro.

-Haz avanzado, dijo ahora cariñosamente el Maestro, captando el contenido real de la respuesta.

-Quédate y transita tomado de mi mano hasta cuando lo desees, el camino de la búsqueda sincera hacia la auto superación.

...Y así sucedió, aquel aspirante eventualmente alcanzo un elevado nivel de conciencia y se convirtió en un gran Maestro.


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Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus paisanos le consideraban afortunado porque tenia un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un día el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida:
¡Qué mala suerte has tenido!. La respuesta del granjero fue un sencillo: Puede ser.

Pocos días después el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas. Enterados los aldeanos acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: Puede ser.

Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero está lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: Puede ser.

Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejercito. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más este, contesto nuevamente: Puede ser.

 

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TIEMPO DE MORIR

Hakuin, el maestro del Zen, desde pequeño fue avisado de que su maestro poseía una preciosa taza de té, de rara antigüedad. A Hakuin se le rompió accidentalmente esta taza, y se quedo muy perplejo. Oyendo los pasos del maestro que se acercaba, ocultó tras de sí los pedazos de la vasija. Cuando apareció el maestro, Hakuin le preguntó: -¿Por qué hay que morir? Es lo natural, respondió su Maestro. Todo debe morir y tiene un determinado tiempo de vida. Hakuin, mostrando la vasija despedazada, explicó: A tu taza le había llegado el tiempo de morir.

 

 

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Un Samurai se presenta a su superior y le dice:

"Mi amigo no ha regresado del campo de batalla. Solicito autorización para ir a buscarlo ..."

"Denegada ...", replicó el superior. "No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ya esté muerto".

Haciendo caso omiso de la prohibición, el Samurai salió del campo de batalla y regresó una hora más tarde mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.

Su superior estaba furioso. "ya le dije que había muerto !!!. Dígame .... ¿valió la pena ir hasta allá para traer un cadáver?

"Claro que sí", respondió el Samurai.

"Cuando lo encontré todavía estaba vivo, y cuando me vió pudo decirme: ¡ Estaba seguro que vendrías !!!"

 AMIGO: Es aquel que llega cuando todos se han ido".

 

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LA VASIJA

Un médico conocido era aficionado a la alfarería y a menudo reunía a sus pacientes para hacerles admirar sus obras. Un día invitó a un maestro zen que conocía y mientras los asistentes admiraban una pequeña vasija, todos se dieron vuelta hacia él para escuchar su opinión. El maestro zen miró gravemente en torno suyo y dijo: “Si alguno de ustedes cae enfermo, les aconsejo que nunca llamen a este hombre. Debe ser un médico abominable”. En un silencio mortal, un viejecito preguntó: “Pero, ¿por qué?”
Porque su corazón no está en la medicina. Este doctor sólo colecciona pacientes para mostrarles sus alfarerías, que además apenas si son aceptables.
El golpe fue tan duro para el médico que en el acto perdió la vanidad artística que alteraba sus cualidades médicas.
 

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LOTO EN EL FANGO

En épocas de mucho hambre, las hijas de los granjeros vendían sus cuerpos para subvenir a las necesidades de sus familias. Estas prostitutas eran conocidas con el nombre de “loto en el fango”. En un dibujo que representaba a varias de ellas, Takuan escribió el poema siguiente:


“El Buda vende la doctrina, los patriarcas venden el Buda,
los maestros venden los patriarcas, ella vende su cuerpo,
para que se aplaquen las pasiones de todos los seres.
La forma no es diferente del vacío ni las pasiones de la sabiduría”.

 

 

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EL GENERAL

Durante una guerra civil en el Japón, la armada rebelde invadió una ciudad legitimista. Todos los habitantes habían huido, como así también todos los monjes del templo zen de esta ciudad. Todos salvo el Maestro.
El general fue al templo y no le gustó nada el frío recibimiento del maestro ni tampoco la poca consideración que le manifestó.
“,Sabe usted que tiene delante suyo a un hombre capaz de partirlo por la mitad sin ni siquiera pestañear?”
- Y usted, contestó el maestro, ¿sabe que tiene delante suyo a un hombre listo a dejarse partir por la mitad sin ni siquiera pestañear?
El general se quedó un momento silencioso, se inclinó, y emprendió la retirada.

 

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LA HIJA DEL MERCADER

La hija de un rico mercader, gravemente enferma, le pidió a su padre que hiciera venir a un maestro zen para celebrar un rito. Este último pidió cincuenta piezas de oro para hacerlo; el padre furioso, tuvo que aceptar. Ante la enferma, el monje no hizo ninguna ceremonia sino que declaró:
“Con las cincuenta piezas de oro podré construir un nuevo Dojo. En este nuevo Dojo mis discípulos podrán practicar y llegar a la madurez. Ahora, si lo desea, puede usted morir. Su vida, al menos, habrá tenido un sentido”.
A partir de ese día, dicen, la hija del mercader empezó a recuperar la salud.

 

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PRECEPTOS SAMURAI

No tengo pies, sólo el camino de la tierra hace mis pies;
No tengo poder divino, sólo la honestidad me da poder;
No tengo poder mágico, la personalidad es la única magia;
No tengo vida ni muerte, mi vida es mi muerte;
No tengo cuerpo, la fortaleza interior es mi cuerpo;
No tengo ojos, el relámpago del espíritu es mis ojos;
No tengo oídos, la sensibilidad son mis oídos;
No tengo miembros, la prontitud son mis miembros;
No tengo ley, porque la autoprotección es mi única ley;
No tengo estrategias, la libertad de matar y resucitar es mi estrategia;
No tengo forma, la astucia es mi forma;
No tengo milagros, la justicia son mis milagros;
No tengo principios, la adopción es mis principios;
No tengo tácticas, la rapidez es mi única táctica;
No tengo amigos, mi propia mente es mi amigo;
No tengo enemigos, la imprudencia es mi único enemigo;
No tengo armaduras, la benevolencia y la retirada es mi armadura;
No tengo casco, mi mente inamovible es mi casco;
No tengo espada, mi mente es mi única espada.

 

 

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VENCER SIN VENCER

        Cuenta la leyenda que el maestro japonés Choyin Tanaka, gran experto en el manejo de la katana, pasó largas temporadas en China, donde entró en contacto con monjes budistas que le enseñaron artes marciales y filosofía.

        Antes de viajar a China, Tanaka se había labrado fama de rudo guerrero. Hijo de Samurai, curtido en mil guerras. era el tipo de persona que lleva el fuego en la mirada. Robusto pero veloz, gran técnico y dotado de una potentísima estocada, Tanaka brillaba en el campo de batalla con un mortífero destello. Había cultivado su cuerpo: nervios, músculos y huesos, con la precisión de un matemático; y el resultado de su ecuación era siempre el mismo, vencer. Y así, en toda batalla o duelo en el que participara, y se cuenta que fueron cientos, siempre salía victorioso.
        Aprovechando una misión diplomática en China, fue a visitar un monasterio budista que tenía una gran fama por la pericia marcial de sus monjes. Allí conoció al gran maestro Li. un monje bajito y menudo que resultaba sin embargo invencible. En principio, el objetivo de Tanaka era aprender nuevas técnicas guerreras, pero Li le abrió el verdadero mundo de las artes marciales: el pensamiento, el espíritu y la filosofía. Y entonces el aguerrido Samurai comenzó a explorar nuevos senderos, y a estudiar la naturaleza y la mente humana. Se dio cuenta de que el músculo sin cerebro era vano, y de que la espada sin ética era cruel. Y así, con el paso de los años, el rudo guerrero se convirtió en un pacífico filósofo, y como tal regresó a Japón.
        Sus familiares y amigos no podían reconocerlo, aquel que antes perseguía el fuego de la batalla, ahora predicaba la paz y la tolerancia. Siguió dando clases en su Dojo, pero ahora con un profundo enfoque filosófico; seguía siendo invencible, pero ahora vencía sin hacer daño. Sus alumnos lo adoraban, pues era un auténtico pozo de sabiduría y de tranquilidad.
        Pero su reputación lo perseguía, y Tanaka siguió recibiendo durante años desafíos para batirse en duelo por parte de belicosos jóvenes. Y lo más sorprendente es que, como cuando era joven. siempre vencía; pero ahora neutralizando los ataques del rival sin hacerle daño. Muchos fueron los duelos que de esta extraña manera resolvió Tanaka, pero entre todos sin duda destaca el que lo enfrentó al temible Samurai Itsinoé.
        Itsinoé acababa de llegar a la ciudad de Osaka, donde vivía Tanaka, y pretendía labrarse fama para abrir su Dojo. El Samurai era un auténtico guerrero, lo más parecido a Tanaka cuando tenía su edad: fuerte, certero y extremadamente agresivo. Así que lo primero que hizo, al poco de estar en Osaka ,fue enviar un desafío a Tanaka, para forjarse un nombre y un prestigio en la ciudad.

        Cuando lo supieron, los estudiantes del viejo maestro se inquietaron, pues Itsinoé tenía fama de implacable y cruel. “Maestro” -le dijo un estudiante-, “Itsinoé no es un enemigo cualquiera, es un demonio. La única forma de enfrentarlo es, por una vez, volver a sus técnicas más contundentes y dañinas.”

        Pero Tanaka bajó su cabeza y respondió con una leve sonrisa: “No, esa etapa de mi vida ya pasó. ltsinoé no es un demonio, sino un ser humano, con sus fuerzas y debilidades. No emplearé el arte para hacer daño, sino para neutralizar el conflicto. Venceré sin vencer.” Y dicho esto, se retiró para preparar el té.
        Por fin llegó el día del enfrentamiento. Los alumnos del maestro se removían nerviosos y expectantes, mientras éste esperaba sentado y meditando la llegada del temible Itsinoé. Cuando éste apareció. Tanaka ni siquiera le dedicó una mirada; siguió sentado de rodillas mientras el Samurai calentaba miembros y músculos ruidosamente, su aspecto era feroz. Al cabo de unos minutos, Tanaka se levantó tranquilamente, asió su bokken, y se dirigió al centro del tatami. Itsinoé se puso en guardia, pero tras unos segundos de observación mutua Tanaka bajó el arma, se dio media vuelta y ofreció la espalda a su rival.
        Tanto el fiero Samurai como los alumnos del maestro no podían creer lo que estaba ocurriendo. Acababa de dar la espalda a uno de los guerreros más temidos del Japón. Tras unos instantes de desconcierto, Itsinoé, encolerizado, alzó su bokken dispuesto a asestar un terrible golpe en el cráneo del maestro. Pero una mezcla de profundo miedo y de gran vergüenza detuvo su brazo, el samurai bajó el arma y abandonó el Dojo entre exclamaciones y murmullos de los alumnos.
        Tanaka había logrado su propósito, ganar el duelo sin que mediara ni un sólo golpe: vencer sin vencer. Tan sólo un Maestro era capaz de dar tranquilamente la espalda a un peligroso enemigo, tal era su confianza y su sutileza psicológica.

        Lo que detuvo el golpe de ltsinoé fue el espanto de lo insólito, de lo incomprensible, que se convirtió en un creciente temor ante una despreocupación y confianza que nunca había conocido antes en ningún otro rival. Sintió durante un instante su inferioridad psicológica. y se rindió.

 

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UN SUEÑO DE BIZAN

 

        Hacia poco me había decidido a dar una vuelta por la península de Shimbara para buscar caza. La estación se anunciaba excelente y tenia grandes esperanzas.

        Me acorde entonces que a dos kilómetros del castillo Shimbara, cerca del que me hallaba. Había una fuente Shinto de agua termal, en las faldas de una montaña llamada Bizan y me dirigí hasta allí para bañarme y descansar.

       Había descubierto esta fuente siete años antes. Había entonces muchas personas que seguían una cura termal. Abundaban los hoteles. La guerra ruso-japonesa sin embargo lo había destruido todo y ya no quedaba ninguna morada medianamente habitable.

        En el umbral de la casucha, plantada en medio de ese lugar desierto y a la vez encantador, la vieja guardiana vendía pasteles a los niños que acudían a jugar a este monte sagrado.

        Le pedí que me acogiera a lo que ella respondió con benevolencia y me dijo: "Lo único que puedo ofrecerte, si te parece bien, es un poco de arroz y una estera bastante mala. Afortunadamente esta noche va a venir a bañarse un viejo Samurai, siempre puedes pasar la noche hablando con él. "Ahora báñate y descansa de las fatigas del camino.

        Cuando entro el viejo Samurai, le dedique un saludo ampuloso. Al enderezarme vi sus cabellos de nieve, su larga barba de plata, y sobre sus ropajes, las armas de su Maestro y, si mi memoria no me falla, se trataba de un bastón llevado por sacerdotes budistas. Todo en él denotaba que era un alma buena. Me presente: "Me llamo Shiro Saigo y he venido aquí para cazar. He oído hablar de ti, ¿Pecaría de indiscreción si preguntara tu nombre?"

        Él me respondió: "Antes de haber renunciado al mundo, servia a un gran príncipe al que enseñaba el Arte del Kendo. Ahora se me conoce como "Furuneko Mushinsai". He construido, muy cerca de aquí en la montaña un pequeño refugio y allí, dedico mis días a estudiar."

        Yo pensé: "¡Que nombre mas extraño!". Así como el significado de Mushinsai "el que ha renunciado al mundo" era efectivamente un nombre Samurai, Furuneko que significa "gato viejo" resultaba ya más curioso. Intrigado pues por el origen de ese nombre lo hice participe de mis pensamientos: "He recorrido muchos lugares pero, ¡Nunca llegue a oír un nombre semejante!"

        "Tiene razón, me respondió sonriéndome, Furuneko, no es mi nombre ni el de mis hijos pero, eso sí, es algo muy personal.

        Lo llevo a raíz de una extraña aventura en la que me vi envuelto hace ya mucho tiempo. No creo que pudieras comprenderla si no posees unos ciertos conocimientos del Arte de la Guerra. ¿Los tienes?"

        "Sí le respondí, soy un apasionado de las Artes Marciales desde mi niñez, en estos últimos dieciséis años he estudiado Judo con el Maestro Jigoro Kano, pero por desgracia aun no he aprendido todos sus secretos. Te ruego que me cuentes la historia de tu nombre, enterarme por vos me produciría una gran alegría". "Esta bien, dijo el viejo Samurai después de un instante de reflexión, te hablaré."

        Hace ya mucho tiempo, todavía era yo joven, me dedicaba a las Artes de la Guerra. Una noche, no sé aun como, una rata enorme entró en mis aposentos. Fui a buscar a mi gato Tama que se deleitaba con este tipo de comida. En cuanto estuvieron frente a frente, la rata saltó sobre su cabeza, una, dos y tres veces, rápida como un rayo... y me duele tener que confesarlo, pero mi gato, fuerte como un roble, huyó. Otros cuatro gatos, conocidos por su valentía y fuerza, siguieron su misma suerte. Tenían todos un aspecto lamentable con heridas en los ojos, la garganta y las patas. No podía creerlo. Al ver esto, pensé que habrían tenido miedo y empuñando mi sable de ejercicios de Kendo, Arte que estudiaba con ahínco desde hacía tiempo, le asesté un golpe mortal pero logró esquivarme. Me obcecaba atizando a derecha y a izquierda, hacia adelante y hacia detrás y ella evitaba todos mis golpes con la velocidad de un rayo, una vez, incluso, recorrió mi largo sable de bambú y salto encima de mí golpeándome en plena frente. Siendo como soy un guerrero valiente, temblaba y me hallaba sin fuerzas.

        Alertado entonces uno de mis vecinos por el ruido, me dijo: "Conozco un gato, valiente como ninguno, voy a buscarlo, así podrás descansar". Me sentía turbado por aparecer delante de él tan extenuado, así que acepte.

        El gato que trajo consigo era muy viejo. No se podía, en principio, esperar mucho de él: Sus caninos y sus garras estaban gastados, sus ojos parecían incluso llenos de lagañas. No parecía capaz de correr. Por un momento, no me pareció posible que consiguiese matar a la rata pero, puesto que me aseguraban que su valor no ofrecía dudas, pensé que tal vez poseyera una técnica especial. Lo lleve pues a mi habitación. Aunque pueda parecer increíble, esa rata enorme que nos había vencido a todos, que había podido conmigo, un hábil kendoka, ¡Se quedo en un rincón encogida de miedo!

        El viejo gato avanzó con calma, la agarró con dulzura y se la comió tranquilamente, ¡No encontró la menor resistencia! ¡Fue increíble!

        Esa noche, algo mas tarde, empezaba a vencerme el sueño cuando me pareció escuchar un murmullo en la habitación contigua. ¿Quién podía ser?.

        Me asome furtivamente y descubrí una asamblea de gatos: el viejo gato y los demás jóvenes. Estos últimos lo habían instalado en el lugar de honor y reunidos alrededor suyo lo saludaban humildemente.

        Uno de ellos se adelanto y le espeto: "Durante generaciones hemos venido al mundo para atrapar ratones, hemos perfeccionado una técnica. Hasta ahora nunca nos habían vencido... Esta rata nos ha deshonrado a todos y tu sin embargo la venciste con facilidad. ¿Posees acaso una técnica especial? ¿Puedes enseñárnosla? "

        "Son jóvenes, sus movimientos son vivos pero en realidad no conocen las técnicas para salir victoriosos de los combates y esa es la razón de sus derrotas. Aunque sus niveles de evolución mental no sean como el mío, les voy a revelar el secreto, que en realidad es bien simple. Antes tienen, eso sí, que contarme la historia de su entrenamiento y contarme también lo que sintieron hoy al atacar a esa rata."

        Uno de los más jóvenes, un gato negro, tomó la palabra y dijo: "Acababa yo de salir del seno materno y podía apenas abrir los ojos, y ya me entrenaba intentando capturar las mariposas que surcaban el cielo, los pájaros del jardín y los ratoncitos que correteaban por la cocina. He estudiado mucho. Soy capaz de saltar una barrera de dos metros, puedo meterme por un agujero grande como un puño, correr por una vigueta estrecha tan hábilmente como por la calle, dar saltos peligrosísimos, morder, arañar, saltar, y fingir que duermo para poder capturar por sorpresa y más cosas todavía. Todos reconocen mi valentía, por ello, no comprendo lo que me ha sucedido esta noche."

        El viejo gato le respondió sonriente: "Hiciste bien estudiando los principios y la técnica. Para que todo el mundo pudiese llegar a la verdad fundamental del "Camino", los grandes expertos han frenado los principios y la técnica. Puesto que el "Camino" esta contenido en estos principios, para conocer su secreto, debes estudiar la progresión del Arte. Si cuando posees la teoría y tu técnica es eficaz, piensas que eres un experto y tus estudios han finalizado, no te asemejas sino al sapo que desde el fondo de un pozo considera que el cielo es muy pequeño... Te queda, sin embargo, mucho que estudiar, para comprender que el secreto del Arte no reside en una sola técnica."

        Entonces le toco el turno a un poderoso gato de pelaje atigrado: "Cuando empecé, recuerdo que mi Maestro me enseñó que el secreto de la victoria se halla en la fuerza del espíritu: el Ki. He comprobado que al batirse con un enemigo, se le debe dominar con la fuerza del espíritu, para así tenerlo a nuestra merced. Incluso sin realizar un esfuerzo notable, la técnica surge espontáneamente, amoldándose a las circunstancias. Solo con nuestra mirada, cargada de Ki, podemos hacer que la rata que corretea por una viga se caiga. Por todo ello, no he dejado de cultivar mi espíritu. Mi cuerpo se halla ahora repleto de fuerza y parece que ésta se extiende a su vez por todo el Universo. He hecho siempre uso de esta fuerza al combatir y he cosechado éxitos... ¿Qué extraña fortuna ha permitido que la rata se me escapara esta noche?. Antes, incluso, de haber podido comprender donde estaba, se había evaporado como un fantasma desplazándose con increíble habilidad. Mi técnica favorita no ha resultado eficaz, el poder de mi espíritu lo mismo, he sufrido además una gran derrota. Mis estudios no han resultado suficientes, pero desconozco el porqué. ¿Tendrías la deferencia de aclarar mis ideas?."

        El viejo gato le respondió con voz grave: "Ese poder del espíritu que estudiaste, es una fuerza temporal con la que cuentas. Nunca se debe contar con nada. Si deseas vencer a tu enemigo, este a su vez desea lo mismo. ¿Qué pasaría si estuvieses enfrente de una persona que no pudieses dominar, que sucedería entonces?. Por otra parte, si subestimas a tu enemigo, él puede despreciarte igualmente, y si por casualidad es superior a ti, ¿Qué harías en ese caso? Piensas siempre ser el mejor y eso no esta nada bien. Lo que sentiste en tu cuerpo y en el Universo es desde luego, una clara manifestación de la energía, tu espíritu esta sin embargo, muy lejos aún del KOO ZEN NI KI del filosofo chino Mooshin, que significa la "visión amplia", el KOO ZEN NI KI es la fuerza del Universo, la de tu espíritu no es sino una fuerza pasajera. Como la fuerza constante de la corriente frente a la inundación de una noche. Voy a recordarte para concluir un antiguo proverbio: "La oveja muerta de rabia". Ha sucedido lo mismo con tu rata, en ese instante critico de su vida ya no contaba nada, ni su vida, ni su muerte, ni su victoria, ni su derrota. No intento siquiera defender su cuerpo y ese es el secreto que otorgó a su espíritu una consistencia de acero. ¡Es evidente que con tu espíritu no podrías vencerla! La naturaleza de tu Ki es empecinamiento, una de las posturas más nocivas que se pueden adoptar en las Artes Marciales. La obstinación liga cuerpo y alma y hace que todo se asemeje a estatuas de piedra, paraliza toda posible actividad. Por eso, es frecuente que el más débil resulte vencedor.

        "Kinokori wa teki ni kokoro o okumono to, kanete zo satore asana yuna ni" que significa : La obsesión por la victoria es un estado del alma que favorece al enemigo. Habremos de recordar esto cada vez que el día despunte e igualmente cada vez que se anuncie el crepúsculo.

        Mi Ki en cambio, esta animado por la fuerza positiva y negativa, es el alma inmóvil y eterna.

        Acuérdate de "Tanden Seika no Chikara" que te aconseja depositar toda tu fuerza en el abdomen. Piensa seriamente esto y estúdialo con mucho detenimiento."

        Se hizo entonces un gran silencio, y un gato de mas edad se adelanto y aclaro: "Considero que el secreto de la victoria se halla en el Ju y en el Wa, para explicarlo mejor, en la agilidad y en la no-resistencia. Al igual que podemos atrapar una piedra con un velo ligero, cuando nuestro enemigo se aproxima podemos retirarnos sin ofrecer resistencia y, cuando tira de nosotros podemos seguirlo en su movimiento sin forzar nada. Me he ejercitado mucho tiempo en el Arte de ganar aprovechando la fuerza del enemigo, en el Arte de dejar la mía en reserva. Esta noche sin embargo, no he podido dominar a esa rata con mi Ju, ni he podido tampoco dominarla con mi Wa. No he hecho sino acumular un error tras otro. Qué debo pensar entonces de la máxima que reza: "La habilidad siempre gana a la fuerza" Ju yoku Go o seisu. ¿Podríais despejar las dudas que me atenazan?.

        El viejo gato asintió y le respondió: "El Ju y el Wa que han presidido tus estudios no son aquellos que permiten que la inspiración natural pueda brotar de manera espontánea por el canal del "no-yo" y de la inocencia. Tus estudios han sido inventados en todo su conjunto y empleados como expediente, esa es la razón de tu derrota hoy. Cuando es el egoísmo el que nos anima y buscamos solo nuestro beneficio, la intuición que nos muestra lo que debemos hacer, no puede fluir. Tu alma dominada por el egoísmo no deja surgir el brote divino de la inspiración natural. Es esta, nacida del "no-yo" y el "no-deseo" del Universo, del abandono de las variaciones naturales del poder positivo y negativo quien crea el viento, los truenos, las nubes y la lluvia, el frío y el calor, todas aquellas cosas que no tienen principio. Así, para que el Ju y el Wa de las Artes Marciales puedan tener una inspiración natural deben surgir del "no-yo" y del "no-deseo".

        Recuerdo que en mi juventud un gato muy extraño vivía en el pueblo vecino. Parecía dormir día y noche. Se hubiera dicho que era de piedra. Nadie recordaba haberle visto cazar ningún ratón. No había, sin embargo, ninguno por los alrededores de su casa, y allí donde iba la población de ratas parecía esfumarse. Fui a visitarlo para que me explicase ese misterio y nunca se digno a responder mis preguntas. Le formule las mismas varias veces pero siempre guardo silencio. Capte entonces que cuando se posee sabiduría no se habla, pero que si no se comprende se charla sin cesar. Si ese gato callaba, no era porque no supiera que responderme, sino que podemos decir que había profundizado en los principios de las Artes Marciales olvidándose de sí mismo y de todas las demás cosas.

        Los escuchaba ya desde hacia un buen rato. En un momento dado no pude callarme mas y meciéndome entre ellos, tras haber saludado como se merecía al viejo gato, le dije: "Soy un hombre de armas y siempre lo he sido, se los cuento para explicarles que no soy novato en estas lides, que hace ya mucho que estudio las Artes Marciales. He de confesarles que a pesar de todos mis esfuerzos no he llegado a penetrar aun en el alma de una rata. Por una maravillosa casualidad y sin pretenderlo he oído sus charlas y me ha parecido muy profunda. Me ha parecido tener una revelación al escucharlos, como si fuera posible penetrar en lo mas intrincado de las Artes Marciales. Colmaría mis mayores deseos el conocer secretos mas profundos.

        El viejo gato descendió de su improvisado trono, y después de saludarme como exigen todas las reglas del viejo protocolo me hablo con gravedad: "Solo soy un animal pequeño y humilde. Como podría yo y como podría ser que yo supiese lo que puede llegar a conocer el hombre, el Rey de la creación... hace ya mucho escuche a mi Maestro decir que el Arte de cazar ratones y las Artes Marciales eran parte de un mismo todo, que juntos recorrían el mismo camino. Puede que tal vez, amparándome en esto, me atreva a cometer la falta de educación que supondría enseñar algo al hombre. Si me aseguran que no los ofendo, estoy dispuesto a develarles mi humilde saber a título informativo."

        Al protestar yo porque hubiese siquiera contemplado la posibilidad de una ofensa, y al insistir en la alegría que me produciría su gesto, él prosiguió:

        "Por lo que yo he llegado a conocer, la verdadera naturaleza o esencia de las Artes Marciales no debe tener ni tiempo ni olor, debe ser algo que asemeje al vacío, a la muerte, puesto que vive en todas partes. Es una esencia inconmensurable y maravillosa que actúa siempre de forma curiosa. Sumergido en esta esencia, aunque pueda parecernos extraño, los malos pensamientos, los deseos, todo, desaparece como la niebla disuelta por el sol de la mañana. La sospecha, la ilusión, la angustia se derriten totalmente y el Ki verdadero nos inunda por completo y penetra en el fondo de nuestro ser. Sentimos entonces una satisfacción enorme. Sentimos también que el mundo limitado y el ilimitado se disuelven y deshacen".

        El secreto de la practica de las Artes Marciales no reside principalmente ni en la victoria con la confrontación de técnicas ni en la derrota, sino en el acto de asimilar su entidad. El secreto para alcanzar esta sabiduría es olvidar el propio ser y los propios deseos.

        Hay un viejo proverbio que reza: "Si tienes arenilla en los ojos, el mundo te parece muy pequeño. Si desaparece todo de tu corazón, el existir te resultara inmenso". Encontramos así mismo en el EKKYO (el Arte de la Adivinación) un fragmento con enseñanzas particularmente interesantes: "Con la completa inmovilidad, con el olvido de uno mismo, con el pensamiento, tu intuición trabajará por sí misma y se pondrá en contacto con el mundo".

        Para decirlo de otro modo, si alejan de ustedes todos los malos pensamientos y todos los deseos, estarán, sin saberlo, en el camino de la Naturaleza y el Universo. Alcanzarán así, una plenitud en su comportamiento que será tan maravillosa para ustedes como extraña para los demás.

        El Maestro de Zen tiene la revelación del cielo (KU) y que quiere obtener ANSHIN RITSUMEI, la tranquilidad del espíritu, la verdad y la comprensión de no poder alcanzarla sino con grandes sufrimientos. Habrá de sentarse en la oscuridad de una sala de Zen en pleno invierno y concentrarse en su alma durante horas en el más completo silencio. Habrá de adentrarse en bosques y montañas, dejar que lo riegue el agua helada y purificadora de una cascada de mas de mil pies. Tendrá que ayunar y deshacerse de todo deseo carnal. Estos sufrimientos correrán paralelos a la practica de la de las Artes Marciales.

        El verdadero Samurai no pierde jamás el control, no siente ningún miedo ni se turba ante la vista de la hoja de una espada deslumbrante, aunque su sufrimiento sea inmenso, permanecerá impávido ante la prueba del fuego y del agua. Se quedara igualmente impasible si se le hace objeto de las peores burlas y si no puede enorgullecerse de ninguna de sus acciones por muy brillantes que estas puedan resultar. La razón de su poder es que ha comprendido la esencia de las Artes Marciales. Todo esto nos lleva a la "intención reciproca " o "comunicación entre los espíritus". Para conseguir esta intuición tienen que enfrentarse los unos a los otros, ponerse a prueba y solo así, juntos, llegarán a ser mejores y más brillantes. Tienen que pasar por todo tipo de sufrimientos y a lo largo de ese tiempo asimilarán las enseñanzas de forma natural sin siquiera percatarse de ello.

        Como no hay Maestro, por sabio que sea, al cual el camino le haya sido revelado, no podrá dar una definición exacta de cada cosa ni tampoco otorgar a estas una forma... Tienes que comprender todo esto"

        El viejo gato concluyó aquí sus explicaciones y desapareció ante mis ojos como si se hubiese disuelto en el aire. Durante el tiempo que había durado su explicación había sentido como si el fondo de la revelación me hubiese sido revelado.

        En aquella época había varios maestros dedicados a seguir este mismo camino. Después de ser testigo de todos estos hechos no me volví a sentir inferior ante ellos. Todo se lo debo a ese don que ese viejo gato me transmitió y para no olvidar su bondad adopte este nombre: Furuneko (viejo gato).

 

Aquí termina mi historia...

        El samurai había hablado durante muchas horas. Se oía el canto de los pájaros por los bosques circundantes y la cima de la montaña Bizan se teñía con los colores rojizos de la aurora. Le agradecí enormemente su interesantísima historia y después de saludarlo respetuosamente, le confié mi deseo de volver a verlo en breve... En ese preciso momento, una voz estallo en mis oídos y todo se sumió en la nada.

        Extrañado me di cuenta que me hallaba acostado sobre la estera de la posada. Me incorpore un poco y supe porque me había despertado... La vieja de la casucha había venido a anunciarme que el desayuno ya estaba listo. Me di cuenta en ese momento de que todo lo que había creído oír ¡formaba parte de un sueño!

        Miau... Un maullido inocente y plañidero salió de debajo de las mantas y me sobresalto... Se trataba de un lindo gatito que, la noche anterior, había puesto a dormir a mis pies para que me los calentara...

  

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EL PODER DE LA PALABRA  

       Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un pozo profundo. Las ranas se reunieron alrededor del pozo.

        Cuando vieron cuan hondo era el pozo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

        Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del pozo con todas sus fuerzas.

        Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

        Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió; Ella se desplomó y murió.

        La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible.

        Una vez más, la multitud de ranas le grito que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir.

        Pero la rana saltó cada vez con mas fuerza hasta que finalmente salió del pozo.

        Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: "¿No escuchaste lo que te decíamos?"

        La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas para salir del pozo.

 

        Esta historia contiene dos lecciones:

                La lengua tiene poder de vida y muerte.

                Una palabra puede ayudar a levantarte o destruirte. Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobretodo con lo que escuchamos.

 

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EL DISCIPULO DE MUSASHI

  

        Les contaré la historia del Samurai quien fue a ver al legendario Maestro Miyamoto Musashi y le pidió que le enseñara la verdadera vía de la espada. El Maestro aceptó.

        Una vez su discípulo, el Samurai utilizaba todo su tiempo, como le había ordenado su Maestro, cargando y cortando leña y yendo a buscar agua desde un distante manantial. Hizo esto todos los días por un mes, dos meses, un año, tres años.

        En la actualidad cualquier discípulo habría abandonado a la semana o a las pocas horas, pero el Samurai continuó, y en el proceso formó su cuerpo. Al final de tres años, a pesar de todo, se hartó y le inquirió a su Maestro, "Qué tipo de entrenamiento me está dando? No he tocado una espada desde que llegué. Ocupo todo mi tiempo cortando leña y cargando agua. Cuando me va a iniciar?"

        "Está bien, está bien", respondió el Maestro. "Ya que lo deseas, ahora te enseñaré la verdadera técnica".

        Le ordenó que fuera al Dojo y ahí, día tras día, desde la mañana hasta la noche, el discípulo tuvo que caminar alrededor de la orilla externa del tatami, paso a paso alrededor del salón sin nunca perder el paso.

        Así pues el discípulo caminó alrededor de la orilla del tatami por un año. Al final de ese tiempo le dijo a su Maestro, "Soy un Samurai, tengo una larga experiencia con la espada y he conocido a otros maestros de ken jitsu. Ninguno me ha enseñado de la manera que usted lo hace. Ahora, por favor, enséñeme la verdadera vía de la espada".

        "Muy bien," dijo el Maestro. "Sígueme."

        Lo guió lejos en las montañas a un lugar donde un tronco de árbol hacía de puente por encima de una quebrada profunda, escabrosa, de profundidad aterradora.

        "Muy bien," dijo el Maestro, "crúzalo."

        El Samurai no entendía lo que su Maestro quería decir; cuando miró hacia abajo, titubeó, retrocedió y no pudo animarse a cruzar.

        Repentinamente se escuchó un sonido de golpeteos detrás de ellos, el sonido del bastón de un hombre ciego.

        El ciego, sin prestarles atención, los pasó y golpeteando se guió firmemente por encima del abismo, su bastón por delante.

        "Ah," pensó el Samurai, "Estoy comenzando a entender. Si el ciego puede cruzar así, yo también debería poder lograrlo."

        Y luego su Maestro dijo, "Por un año completo has caminado vuelta tras vuelta alrededor de la orilla del tatami, que es mucho más angosto que ese tronco; deberías poder cruzar."

        Entendió, y rápidamente cruzó al otro lado.

        Su entrenamiento estaba terminado: tres años desarrolló la fuerza corporal; un año completo desarrolló su poder de concentración sobre una sola acción, caminar; y finalmente, encarando la muerte a la orilla del abismo, recibió su entrenamiento final de espíritu y mente. 

 

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EL SAMURAI Y EL PESCADOR

 

        Durante la ocupación Satsuma de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador. No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que era famoso por su mal genio. El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo. A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo. Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿"Qué tienes para decirme"?.

        El pescador replicó, "Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad." El Samurai dijo, "Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer."

        "Lo siento", dijo el pescador. "Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: “Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano."

        El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: "Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero." Y se fue.

        Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a través de la puerta entreabierta.

        Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un Samurai!

        Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador: "Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano."

        Volvió a la entrada y dijo en voz alta. "He vuelto". Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió junto con la madre del Samurai para saludarlo. La madre vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante su ausencia.

        El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo: "He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias!"

        El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: "Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado."

 

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LAS DIEZ IMAGENES

Los dibujos que se reproducen aquí representan los pasos que conducen a la iluminación espiritual. Simbolizan la combinación de lo sagrado y lo profano. El toro representa la naturaleza animal en el ser humano, la cual es una con su naturaleza espiritual. La lucha por armonizar los impulsos o apetitos físicos equivale también a integrar los del espíritu. El aspirante se puede valer de estas imágenes para evaluar su adelanto o descubrir en qué etapa del sendero espiritual se encuentra.

 

Primera imagen: La búsqueda del toro

Representa la etapa en la que el hombre aún no conoce su verdadera naturaleza, pero de algún modo ya ha iniciado su búsqueda. En esta etapa desea encontrarla aunque ni siquiera sabe qué es ni tampoco está seguro de reconocerla cuando la encuentre. Otras veces experimenta la búsqueda de algo, con tal de escaparse de las circunstancias actuales que, por lo general, no son placenteras. La vida tal cual es, resulta una carga pesada y, él piensa, seguramente habrá una forma mejor de vivir. La mayoría de los que han iniciado la "búsqueda" están en esta etapa.

 

Segunda imagen: Encontrar la senda

En esta etapa el buscador descubre indicios y pistas en una o más tradiciones espirituales, es atraído por la lectura de libros de sabiduría, asiste a conferencias sobre el tema, conoce maestros y se da cuenta de que otros han recorrido el mismo camino, él no es la primera persona en darse cuenta que hay algo inefable por alcanzar. Esta etapa, por lo general, empieza con la práctica de ejercicios, meditación u otras disciplinas. A través de ellas experimenta sensaciones asociadas con el espíritu. En la primera imagen el campesino busca por todos lados, sin orden alguno, mientras que en la

segunda ya es una búsqueda más enfocada y dirigida.

 

Tercera imagen: El primer vislumbre

Esta viene a ser la primera experiencia espiritual, mediante la cual el aspirante llega a ver su propio yo y a sentir como la energía se despierta en él.

Equivale al primer contacto con el maestro que lo inicia o le transmite la energía.

La energía es tanto energía física como espiritual.

El objetivo del buscador va a consistir en elevar esta energía hacia la conciencia más que en reprimirla o vencer lo animal en él.

El primer vislumbre también puede provenir de experiencias religiosas en la forma de visiones celestiales. En resumen, el primer vislumbre, es cualquier clase de visión o experiencia inusual que motive al individuo a recorrer el sendero hacia lo superior.

 

Cuarta imagen: Capturar el toro

El campesino toma la rienda pero el animal es testarudo y no lo sigue. Por fin lo ha atrapado, pero aún es obstinado y sin freno.

Su voluntad y energía son inagotables, ora embiste hacia la alta meseta ora se queda plantado en alguna hondonada impenetrable. Simboliza la lucha contra nuestros instintos animales, la cual puede durar toda la vida.

En esta etapa uno debe evaluar si está avanzando y tiene mayor comprensión o simplemente se ha atorado y se solaza con ciertas doctrinas o ideas relacionadas con la práctica espiritual.

 

Quinta imagen: Domar al toro

Representa el control de nuestra naturaleza física o animal, el cual se logra conociéndola, en otras palabras, escuchándola y dialogando con ella. El campesino dirige al toro con las riendas y lo domina a tal grado que el toro se deja conducir. Poco a poco el hombre se vuelve el amo. Lo que se hace en esta etapa es unificar la conciencia con la naturaleza animal. Por ejemplo, un entrenador de animales sabe que por la fuerza no se doma al animal, sino armonizando su conciencia con la de él. Esta es la razón por la cual muchas fórmulas efectivas de desarrollo espiritual no tratan de conquistar, dominar, destruir o deshacerse del ego, sino mas bien de vivir en armonía con él. De hecho, es el ego o la mente misma la que promueve la búsqueda de sí mismo y que tiene que pasar por todas las etapas. Por lo tanto, hablar de su eliminación es un absurdo.

 

Sexta imagen: Montar el toro hacia el hogar

En la cultura hindú se representan los dioses y diosas montados en un animal como su vehículo.

El animal simboliza la naturaleza inferior al que el hombre domina y con la cual tiene una buena relación. Uno tiene que alimentar y cuidar su parte biológica, sin solazarse ni abusar de ella. De esta manera la fuerza vital física se vuelve un aliado. En la ilustración podemos ver como el hombre monta el toro sin siquiera ponerle un freno, el toro sabe adonde va sin que lo dirijan. El va tocando la flauta plácidamente sentado sobre el lomo del toro. Se acabó la lucha, el hombre ha logrado el estado de iluminación.

 

Séptima imagen: El toro trascendido

El campesino está solo y contento, sentado junto a su casa ya no se observa el toro. El hombre ha llegado a volverse uno con el Ser. En lugar de los esfuerzos anteriores reina un estado de paz y felicidad. Trascendencia es la experiencia periódica o temporal de la unidad, más allá de las dualidades. Es un estado excepcional de la conciencia. Al vivir en un mundo dual siempre experimentamos los opuestos: adentro-afuera, alegría-tristeza, éxito-fracaso, etc. La dualidad empieza al nacer y termina al morir. De hecho, vivimos no sólo en la dualidad, sino en la multiplicidad; mientras la trascendencia implica una experiencia de unidad, no dualidad, que nos informa sobre nuestra auténtica forma de ser.

 

Octava imagen: El toro y uno mismo transcendidos

Todo se ha fundido en la nada. Sólo se observa un círculo, sin nada dentro de él, lo cual significa que han desaparecido todos los opuestos. En esta etapa el hombre ni siquiera puede decir "estoy iluminado" o "no estoy iluminado", no existen para él, sólo existe el Uno.

 

Novena imagen: Regreso al origen

En esta imagen se ve la naturaleza en todo su esplendor, flores, pájaros, el río, la montaña. Representa lo que sucede después de haber obtenido la experiencia trascendental.

Fuera del hombre iluminado nada ha cambiado, únicamente el hombre mismo se ha transformado. Entra de nuevo a la vida con ojos distintos, un nuevo centro con otro enfoque actúa dentro de él.

Cada vez que lo desee puede acudir a su interior y ver la vida desde ahí. Todo está en paz.

 

Décima imagen: En el mundo

Buda, después de alcanzar el estado de iluminación estuvo a punto de no salir de él y regresar al mundo.

Finalmente imperó su compasión por los seres vivos y el resto de su vida lo dedicó a una intensa labor social que transformó la cultura y sociedad de su tiempo. En este cuadro el hombre iluminado ahora se dirige hacia los hombres, para ayudarlos. Pone toda su sabiduría al servicio de los demás.

 

 

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CUATRO KOAN

 

 

Todo vuelve al Uno, pero... ¿adónde vuelve el Uno?

 

Cuando bates las palmas, el choque de ambas manos produce un sonido, pero dime ¿cuál es el sonido de la palmada efectuada con una sola mano?

 

Mira, el agua no fluye; es el puente el que fluye.

 

Voy con la espada en mis manos y mis manos están vacías

 

 

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